domingo, febrero 27, 2011

Sueños y Sirenas




Hay días en que las Sirenas se refugian entre rocas, protegiéndose de las tristezas...Otras veces, esas mismas Sirenas se sienten apagadas, quizá debido a la lejanía de los Barcos y los Hombres de sal, de agua y barro a quienes ellas suelen cantar y por los que su existencia se preserva... ¿Qué sería de las Sirenas sin la imaginación y el deseo de quienes, desde su ser profundo, las dotan de vida?

Hace pocos días encontré por ahí una compilación de textos realizada por  Javier Perucho, llamada La sirena en el microrrelato mexicano y editada por Fósforo en 2008. El volumen contiene una buena cantidad de relatos que, para mi gusto, son bastante heterogéneos en cuanto a su calidad, pero sin duda los hay muy hermosos e interesantes; el de Felipe Garrido que hoy comparto me sorprendió y me encantó no sólo por su sencillez, belleza y dulzura, sino por todas las casualidades que para mí encierra.

"Mucho tiempo después"

Mucho tiempo después, una noche tuve un sueño maravilloso. Soñé que estaba a la orilla del mar, en una playa rocosa. Las olas reventaban y la espuma me salpicaba. Comencé a oír una canción; la canción más hermosa que he escuchado jamás. La cantaba una sirena rodeada de peces, que tocaba su guitarra en el agua, cerca de la orilla.

A la mañana siguiente me levanté tempranito. Era domingo y todos dormían. Me vestí sin hacer ruido, para no despertar a mi hermano; bajé las escaleras, atravesé el patio y entré al taller. ¡Qué quieto, qué callado estaba! Hacía un poquito de frío. Junto a la ventana, en una repisa, había un montón de barro, cubierto con un trapo mojado. Puse un poco en uno de los tornos, me eché agua en las manos y comencé a trabajar.

Dentro de mí yo seguía viendo a la sirena que cantaba. Cerraba los ojos y la veía tan claramente como en mi sueño. Comencé a copiarla con pedacitos de arcilla. Trabajé mucho tiempo, sin moverme de mi lugar. Le puse su corona de plumas, su guitarra, sus collares, su gran cola de pescado. Luego la vi completa, mi sirena, y me gustó. Al final le puse por fuera, también de barro, un corazón.

-Eres un artista -me dijo el abuelo al rato, cuando la vio. La llevamos al horno. Luego la pinté. La puse en mi cuarto, arriba de la mesa. En las noches, cuando me estoy quedando dormido, como que la oigo cantar.

Felipe Garrido

PD: En la foto... unas Sirenas de barro que se exhiben en el Museo de Arte Popular (MAP) situado en la Ciudad de México. Es mía@

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Chand y a mi me ha encantado tu selección, tus palabras de fondo desolado, deberé llamarte Chand Sirena y dejarme seducir por tu voz? Ya lo hago.

Te sigo.

Anónimo dijo...

Yo también oigo una sirena... Suele cantar en luna llena... El mar está en calma, la luna en el mar riela y el sonido es tan dulce!

DRIADA dijo...

Hola ChAnd.
Y quien no tenga la imaginación lista para oírlas , a pesar del peligro que dicen que comportan ... no es humano soñador y malo , malo si no soñamos..... y como siempre ¡bonita foto! Preciosa escultura su creador seguro que las oyó
Un abrazo guapa

Carlos Sotomayor dijo...

Chola! es extraño este post y los comentarios que provoca, vos sabes que me gusta tanto lo que escribes y tambien que me desconcierta que ahora lo estoy de mayor manera! viven las sirenas en nuestra mente y en la imaginacion!

ChAnd dijo...

Anónimo 1, sí que hay un fonodo desolado, aunque al tiempo anhelante y esperanzado.

Anónimo 2: La Sirena suele cantar en luna llena porque siempre la espera y la difruta con dulces memorias, por eso el sonido lo es también, aunque no encuentre más respuesta que su eco.

Querida Driada, Isabel, son una delicia tus palabras y una sorpresa lo que contienen. Gracias por estar.

Carlos, con frecuencia lo que se dice y lo que ocurre del otro lado es extraño, pero siempre me provoca alegría y esperanza. ¡Saludos amigo!

Gracias y hasta pronto.