
En estos días estoy un poco desordenada, obnubilada, lejos y cerca de todo, con la razón algo extraviada; perdonen pues, que pase de una cosa a otra y estas digresiones...
Pues sí, viene ya el final del Ramadán y yo me comporté más mal que nunca... Ni siquiera me siento digna de hablar del camino Sufi, de mi Maestro -que ya no me querría conocer- del ayuno, del perdón, cuando he llevado semanas embebida en el hedonismo, en el de la nostalgia, en el del amor que aunque existe no está...
Rosa mi vientre,
pétalos que se abren
en sus manos...
Noche en mi sexo,
penetra su mirada
flor del desierto...
Sara Elena.
Les comparto una foto de la Sierra de Durango, donde pasé unos días de trabajo espléndidos pero en terribles condiciones. En la zona llamada "El Mezquital", una de las de menor índice de desarrollo humano, inaccesibles y marginadas de México, se asienta tanto población mestiza como indígenas o'dam (mejor conocidos como tepehuanos) y wírrárikas (huicholes), que a la par que sus historias, costumbres y tradiciones comparten también su fuerza, su generosidad y la pobreza...
Inshallah pronto tengamos la capacidad de recomponer nuestro tejido y la cohesión social, y logremos pensar, luchar y dejar nuestra zona de confort para vivir en un mundo donde quepan muchos mundos... como dijo un personaje ilustre de estos lares.