sábado, octubre 25, 2008

La brisa que refresca mi alma...


La brisa que refresca mi alma...
La brisa que refresca mi alma, las mieles que la suavizan, jamás se agotarán; el amor que la dulcifica nunca acabará.

Bastan tus ojos que me cubren, tu voz que agita entrañas, tus dedos que me conmueven más allá de la piel, para descubrirme parte de de la gracia, de la gran fuerza de Allah.

A esto no hay que darle nombre; yo sólo me doblego ante este sentimiento como el sol
se rinde ante la luz que es todo el universo y la imagen al espejo.

Me someto al misterio de la vida y la creación; me someto al amor humano, tenue reflejo del divino, y entonces sé que la luna seguirá brillando hoy.



Sara Elena
PD: La foto es de Telchac, Yucatán, y es mía ⓒ.

martes, octubre 14, 2008

My song

Una mujer mira al cielo y llora... y ríe y llora otra vez invadida de cursilería. La mujer se alimenta nostalgias, impreca, lanza palabras como pensamientos con la esperanza de hallar el eco de otro deseo. Y la mujer le relata a la nada los tiempos tan recién vividos, los momentos perdidos y las casualidades rotas por una fuerza contraria al destino... Y pregunta a un alguien lejano:¿Para qué sus volteretas si al final lo tiras por la borda y le das la espalda? Entonces el corazón se acurruca en esta noche de plenilunio, de otoño...

Una mujer espera
llena de octubre
de luna
desolada y perdida
tras los tiempos de mar.

En el fondo
al oriente
se crece este peso
y lentos descienden
el sueño
las horas...
Apenas respira
las ansias también caen...

domingo, octubre 05, 2008

Remembranzas


Nolta una madrugada…

Estoy sola, en medio de una oscuridad solamente iluminada por la tenue luz del incienso que respira en las cuatro esquinas de la tumba del Maestro. Apenas logro ver el rojo y dorado manto que la cubre. En este silencio sólo se escucha el pasar de las cuentas de un Tashbi. A través del hermoso labrado tipo árabe de la ventana de la urna distingo la silueta del hombre vestido de blanco y sentado sobre sus pies que las recorre lentamente. Son las tres y media de la mañana y aunque me invade una sensación de sueño y cansancio inmensos, al tiempo aspiro este dulce aire de soledad y de misterio, de devoción y amor; es mágico, casi puedo sentir cómo una paz entrañable viene de algún sitio y se instala dentro de mí. Y es que después de una jornada agotadora: viaje aéreo muy temprano, carretera hacia Shatkira, visita a comunidades, el insólito y audaz recorrido por carretera en la chirriante tabla jalada por una vieja bicicleta, los cantos y el llamado a la oración en el aire, las mujeres curiosas y amistosas, los continuos rezos o Salat, la ceremonia en la urna con Mama llorando y tomándonos las manos ante Khan Bahadur Ahsanullah, esto constituye el corolario justo, la meditación de madrugada que, según refieren, era la preferida del Maestro. Algunos minutos antes de este encuentro espiritual, Ehsan había tocado a mi puerta para que hiciera el Whudu y lo acompañara, caminando en silencio bajo una esplendente luna llena, hasta la tumba. Mama y otros hombres han venido también para, sigilosamente, abrir el recinto, encender el incienso, ofrecer algún tipo de oración cuyo sentido, para variar, no he entendido, hacerme entrar y después de algunas apresuradas instrucciones –quédate aquí dentro, tranquila, y ora en silencio lo que tú quieras y sientas, detrás de la puerta esperaremos-, dejarme sola.

Percibo un entorno sutil, tenue y hermoso; los demás permanecen afuera, esparcidos alrededor del pequeño mausoleo en sus propias oraciones. Aunque no estoy segura de lo que debo hacer, me dejo llevar por el ambiente, me coloco en postura y simplemente me concentro en mis propias sensaciones, oro, hablo con el Maestro, reflexiono sobre el hecho de estar aquí, en esta circunstancia. Momento de comprensión...

Al cabo de tal vez una hora y media, empieza a amanecer, vienen entonces por mí para que regrese a mi habitación y descanse otro poco. No hay palabras de más, sólo una clara intención por hacerme sentir tranquila y atendida, por penetrar mi corazón.

PD: La foto es de la urna del Maestro, en Nolta, Bangladesh, y es mía ⓒ